domingo, 9 de junio de 2013

Ojos de cielo.

Supongo que con distancia, las cosas se asientan. Como cuando llueve y después, el cielo se abre, aunque eso ya no sea una suposición. La sensación de calma después de una tormenta de verano, de esas que te sientas a ver en la terraza, de esas de las que te encantaría empaparte hasta los huesos, y si hace falta, que se te inunde el corazón de lluvia. Y ahora, respiro ese olor a tierra mojada, siento el primer rayo de sol que se abre hueco. Lo siento día y noche, como si fuese pegado al bolsillo de atrás de mis vaqueros.

Y para seguir suponiendo, que yo siempre he sido muy de suponer, supongo que después de las tormentas es cuando se pueden hacer las conjeturas más certeras. Y en lo que no nos distinguimos la mayoría es que cuando hay que pensar, no planeas el color de las servilletas ni el champú que te comprarás. Piensas sobre la persona que en algún momento te arrancó una sonrisa con un beso. Pero no cualquier sonrisa, ni cualquier beso, sino esas sonrisas que duran hasta la mañana siguiente, sino a esos besos que parecen la última escena del taquillazo del año. Y supongo que yo siempre fui más de besos que sabían a no quererme, a besos que sabían muy amargos, nunca dulces. Besos que más que por ganas, los regalaba para nadar contracorriente. Supongo que los pocos abrazos que doy, tiendo a darlos equivocados y que me gusta entrelazar mis dedos con rosas a las que nadie les ha quitado las espinas. Supongo que nunca he tenido una de esas grandes historias, ni nunca paseé por la calle abrazada.

Siempre fui mucho más de regalar mis horas a la persona que está al otro lado del teléfono, y de ver amanecer mientras lloraba en la ventana. Siempre fui de esas que preferían hacer el amor en la cocina y que las camas oliesen a marihuana.

Y ahora, cuando ha pasado el huracán, ya no soy esa. Soy la que se guarda los besos para darlos en la mejilla, soy la que en vez de nadar contracorriente, se espera en una isla a que pase el temporal. Y que a todas y cada una de las personas que ahora mismo abrazo y beso, se les quedaría corto el paraíso, aunque sólo fuesen a veranear a allí.

Y si algún día me preguntan, aprendí que la vida es muy puta, que los problemas vienen sin dar un respiro y que los besos valen más que un par de sonrisas. Que las rodillas flaquean y que cuando muerdes el polvo sabe muy amargo. Pero por encima de todo, aprendí a escribir mi nombre no como algo que dijese quién soy, sino como mi mejor virtud.

martes, 12 de febrero de 2013

Al final, no fuimos.

Dicen que los polos opuestos se atraen y que todos perseguimos algo imposible. Y mira si somos predecibles, que tú que siempre pierdes el norte y yo que odio el sur, que como algún día lleguemos a ser comenzaría la III Guerra Mundial;  hemos tentado al destino, a ver qué pasa.

A ver si tú puedes ser mi sonrisa de buenos días, de mejores noches y mi cigarro por la tarde. A ver si puedo ser yo esa que dices que necesitas que te enderece, intentando conseguir enfadarme sólo porque lo mejor son las reconciliaciones. A ver si esto avanza, o volvemos al punto de partida. Quizá hasta cambiemos el camino. A ver si las promesas llegan a ser fotos en una caja de zapatos, puede que incluso, algún día, exista una frase que lleve a fuego grabada tu nombre. A ver si de dormir tan abrazados, la tinta de tu piel se tatúe en la mía. A ver si encontramos una manía común, algo nuestro.

A ver si alguna noche termino durmiendo con tu ropa cuando me faltes, para no olvidarme de tu olor, y a ver si me dejo alguna noche en tu almohada, unos zapatos, una foto escondida entre otras mil. A ver si cómo dicen, me engancho a lo que somos juntos, a lo que me haces ser estando lejos. A ver si puedo dejar de pensarte antes de dormir para escribirte, y hacerte compañía en todos los amaneceres que vemos cada uno por nuestra ventana. A ver si algún día podemos contar nuestros principios como anécdota, y no como secreto. A ver si algún día te muerdo la conciencia y te aprieto el corazón.

A ver si como siempre has dicho, me espabilas, me das energía para pasar las horas que nos faltan. A ver si tu "pequeña" sigue siendo el susurro más grande, probando que tus brazos son el lugar más seguro del mundo, tu espalda, el más divertido y tus ojos los más verdes, los más complicados. A ver si tu pelo negro puede seguir acogiendo mis dedos por un tiempo, y si el hueco entre tu hombro y tu cuello sigue pareciendo hecho para mi cabeza. A ver si sigues pintándome el peor día con tus visitas inesperadas, a ver si sigues apareciendo en mi cuarto de madrugada y te marchas. A ver si tu sonrisa sigue siendo la mejor, y tu risa siga teniendo la mejor música. A ver si tus dibujos siguen teniendo sentido, o te vuelves un artista majara. A ver si tus ganas de vivir no paran nunca, y a ver si, ojalá, tus sueños te sorprendan volviéndose realidad. A ver si sigues teniendo ese nudo en la cabeza. Sólo por si lo puedo desenredar.

A ver si somos, a ver si seremos. A ver qué hacemos.